En cuanto reflexiono sobre este año en Middlebury estoy sorprendida de que, a pesar de la cantidad de trabajos que teníamos que escribir, exámenes para los que teníamos que estudiar, textos y libros que teníamos que analizar, la cual siempre parecía imposible superar, el año ha vuelta.
Recuerdo el verano en Middlebury. Estaba segura de que habían cometido un error con mi aceptación en el programa. Yo, quien sólo había vivido pocos meses en España, quien pasó más tiempo conociendo taberneros que las reglas del Castellano, iba a estudiar para un Masters. Mi primero pensamiento era: << ¡Joder! >>.
Pero después del primer impacto, después de las lagrimas, después de algunos momentos en los que quería rasgarme todos los pelos de la cabeza, me di cuenta de que había aprendido un montón. Así que mi recomendación en cuanto los estudios es asumir una actitud de humildad. Sí todos somos inteligentes, es cierto porque estamos en Middlebury, así que no hay razón para presumir de lo que sepas o crear un ambiente competitivo porque, tarde o temprano, vas a necesitar a los colegas que están luchando la misma batalla contigo. Todos estamos aquí para aprender y punto. Sí podemos hacernos algunos amigos aparte, mejor ¿no?
En cuanto Madrid recomiendo El Parque Retiro. Soy de Texas y por tanto no estoy acostumbrada a compartir mi espacio personal con…bueno, todo España y de vez en cuando necesito un escape. La Latina es genial para tapas y bebidas con menos el ruido que las discotecas. La mejor manera para conocer la ciudad es con un Ipod y andar perdido por horas. Recuerda que nadie te conoce aquí así que puedes reinventarte de cualquier manera que quieras. Por ejemplo descubrí que soy una princesa africana cuando probé una clase de Danza Africana. Siempre había querido probarla y pensé: << ¿por qué no? >>. Si no puedes pensar en una razón para no hacer algo, hazlo. No permitas que el miedo te controla la vida.
Sobre todo aprovecha de cada minuto de este país precioso. España cambió mi vida y espero que haga lo mismo para ti.
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Cuando era niña cada vez que tenía que decidir entre dos opciones me madre me decía: <> que significaba que tenía que elegir lo que quería ella, aunque supiera que quería, porque si eligiera mal, se enfadaría. Por lo tanto me temo decidir, especialmente cuando existe dos opciones atractivas.
Toda mi vida he querido vivir en Nueva York, La Gran Manzana. Es verdad que he pasado mucho tiempo en la ciudad dado que tengo una tía que vive muy cerca y unos amigos míos han asistido la universidad allí pero nunca he sufrido lo que es VIVIR en Nueva York. No quiero confundiros, es un tipo de sufrimiento que acoge. Me imagino caminando las calles, gritando a los taxistas, pidiendo café de un estanque pero todavía permanece un sueño.
Era el plan <>. Mi mejor amigo y yo íbamos después de graduar pero Dios tenía otros planes para mí…Madrid. Así que mi mejor amigo está viviendo el sueño para nosotros pero este año me presentó la opción de nuevo. Después de un año en Madrid Nueva York no sería tan chocante, o sea, Madrid es una ciudad de 5 millones de personas, no me importan unos millones más. Es como si Madrid fuera el entrenimiento para Nueva York. Era mi oportunidad.
La semana pasada dije a mi mejor amigo que por la segunda vez no iba a Nueva York. No era una decisión fácil pero tengo algunos asuntos en progreso aquí que no puedo dejar. Y estoy contenta con mi decisión, por lo tanto no comprendo el sentido de culpabilidad que tenía cuando dijo a mi amigo: <>. Echo la culpa a mi madre. Siempre estoy pensando en la otra cuando decido. Pienso: << ¿Qué quiere que decida?>> seguido por una onda de culpabilidad después de decidir. Espero que la aceptación de que hay un problema es un paso en superándolo. Así que me quedo. Madrid soy tuyo un año más.
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En las dos últimas semanitas con el frenesí de trabajos y exámenes finales, es inexplicable que todavía deje trabajo para más tarde. ¡Más tarde es ahora! No hay más tiempo, pero sigo tardando en hacer mi trabajo. Me hace falta una fuerza pública para desconectar mis sesiones de AIM y MSN Messenger, para cambiar la contraseña, impidiendo que pueda escribir más correos electrónicos y para amarrarme a mi escritorio.
Aparte de mi capacidad de perder tiempo, he notado mi don de << organizar sin hacer nada >>. Me explico. Leo mis apuntes, tecleo mis apuntes, hago un esquema, hago esquemas de mi esquema....pero no escribo el trabajo. Es como si hubiera un bloqueo mental castigándome con la incapacidad de ser productiva. ¡NO TENGO TIEMPO!
Por lo menos he descubierto algunas de mis debilidades y por tanto las eludo. No puedo estudiar en casa. La casa contiene más distracciones que la escuela o un café. << ¿Qué quieres hacer?>> me preguntaba la nevera, << ¿Quieres estudiar o quieres cocinar para seis de tus mejores amigos? Vete a llamarlos ahora. O ¿tienes hambre tú? ¿Por qué no haces una merienda?>> Al final, no hacía ninguna tarea y pesaba 5 kilos más.
Pues, basta con mis quejas porque en el fondo son otra manera para evitar lo inevitable, los trabajos finales; pero os pido, si me pilláis en la biblioteca charlando por Messenger o escribiendo otro esquema: ¡paradme por el amor de Dios!
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Es impresionante que un coche de lujo pueda sentirse tan pequeño en cuanto tienes que compartirlo con tu suegra. Esta semana pasada tuve el placer de ir a Burgos, el lugar de nacimiento de mi novio, para conocer su familia…su familia entera.
En cuanto tienes que conocer la familia de tu pareja todas las diferencias culturales están exageradas. Nuestra familia es el núcleo de referencia para lo que es ¨normal¨ en este mundo y cuando nos damos cuenta de que no todos comparten el mismo referente de lo normal puede resultar traumático. Por ejemplo, después de cinco minutos de conocer a mi madre, sabrá tu nombre, fecha y lugar de nacimiento, historia familiar incluso los muertos recientes, el nombre de tu primer perro y color favorito, o sea, no me sorprendería si la CIA la contactara para ser una espía, tiene tanto talento. Al contrario, en la familia española tienes que trabajar un poco más. No se da una invitación a la conversación, se la gana y la gané esta semana en Burgos.
A pesar de las diferencias y la incomodidad de ser la invitada, observé el amor que comparten todas las familias y cuanto echo de menos a la mía. Echo de menos las historias compartidas, las peleitas, y cómo mi madre sabe hacer puré de patatas exactamente como me gusta. Son las cositas que damos por sentado cuando vivimos en casa y las que echamos de menos en cuando nos vamos. Cuando regresé a Madrid, mi compañera de piso había cocinado una cena para celebrar la Pascua y mientras miraba las tres personas sentadas en la mesa me di cuenta de que soy muy bendecida tener mi propia familia española.
De vez en cuando cada persona le hace falta un escape de la vida real. Los estreses, las responsabilidades, las tareas, las llamadas, el metro, el ruido incluso a veces los amigos nos agobian especialmente aquí en Madrid. Este fin de semana tuve mi escape a Sevilla. Viví allí tres meses durante el verano de 2005 y es donde aprendí como hablar español y por lo tanto siempre pienso en Sevilla con mucho cariño.
También fue la primera vez en la que viajé con mi novio de dos meses e iba a ser la prueba de nuestra relación. Cuando viajas, hay un montón de cosas que pueden fracasar. Por ejemplo, decidí que íbamos a coger el autobús a la medianoche para llegar en Sevilla muy temprano el sábado, parte porque quería un día entero en Sevilla, parte porque soy tacaña y no quería pagar para dos noches en un hotel. Pensaba que íbamos a dormir todo el tiempo en el autobús y llegar a Sevilla con el sol ya puesto en el cielo.
Excepto no fue así. No dormimos ni un momento en el autobús por la culpa de una americana odiosa que hablaba todo el viaje en voz ALTISIMA y malos amortiguadores. Llegamos a Sevilla en la oscuridad y encima ni había un café que estaba abierto. Caminamos congelados por las calles, por lo menos no estábamos perdidos, hasta que encontramos un café antiguo que estaba abierto en aquella hora horrorosa. Nos reímos mucho. Llegamos a hostal y no tenía nuestra reserva. Nos reímos más. Pasamos una hora intentando explicar los detalles de la reserva hasta que finalmente mi novio preguntó si había espacio y si podemos hacer la reserva de nuevo. No reímos hasta que nos dormimos.
Lo pasé la bomba en Sevilla. Mi novio, por otro lado, no tanto como yo. Ha decidido llevar nuevas sandalias que le hicieron daño a los pies total que cada minuto caminando era una eternidad para él. Fuimos a un parque donde había un festival con música y justo cuando llegamos, perdió 45 euros. Mala suerte. Después estaba jugando yo tranquilamente con un perrito que de repente decidió atacar mi novio. Sobrevivió él pero con algunas cicatrices.
Aunque hubiera algunos obstáculos inesperados, me di cuenta de que un escape nos hace valorizar nuestras vidas. Sí es cierto que para mí Sevilla tiene algo de chispa, pero Madrid es hogar y después de un descanso puedo tolerar mejor los estreses de la vida cotidiana.
La primera palabra que aprendí en español era <> cuando la mujer de la cafetería de primaria puso plato consistiendo en una tortilla de maíz, frijoles, lechuga y salas encima del plato. Era mi primer día en Texas y fue mi introducción al idioma español.
Desde entonces me fascina el español y, aunque no lo estudié formalmente, siempre presté atención a la televisión española y a las conversaciones de los hispanohablantes. En el tercer año de universidad el programa de L.T Jordan me dio la oportunidad de no sólo estudiar español sino que también vivirlo. Fui a Sevilla, equipada con un libro de frases españolas, e hice una práctica como guía en el Museo del Palacio de Lebrija.
El choque cultural de dejar el idioma nativo y sumergirme en uno completamente distinto me cambió la vida. La experiencia me enseñó mucho más que palabras. Me enseñó humildad, paciencia, perseverancia y dedicación. El proceso fue aprendizaje en movimiento. Con la implementación de nuevas frases y cuanto más que practicaba, más podía ver la mejora de mi capacidad de expresarme. Pasé todo el verano en Sevilla leyendo los periódicos gratuitos, buscando palabras que no conocía y hablando con cualquiera sólo para practicar. Así empezó mi affaire amoroso con la lengua española.
Este viernes fui de compras, H&M, Zara, Shoemart, Mango, etcétera. Esperé en colas largísimas para encajarme en un probadr con espejos del diablo. ¿Te has dado cuenta de que un culo se parece tres veces más grande en el espejo de un probador? Es cierto.
Pues, me di cuenta, mientras cambiaba la ropa por quinta vez, de los cambios que hacemos para mantener la sensatez. Yo, por ejemplo, después de una semana de exámenes parciales tenía que ir de compras para reinventarme, para recordar que no soy la rata de la biblioteca, que debajo de estas gafas empollonas hay una persona normal. Muchas veces nos perdemos en la vida cotidiana, los estudios, las responsabilidades y olvidamos que estamos llenos de alegría.
Estos cambios sutiles, nueva ropa, nuevo maquillaje o nuevo corte de pelo, nos ayudan mantener un sentido de aventura cuando la vida parece sosa. Como ahora estamos estudiando casi más que dormimos, no es posible salir de Madrid sin aviso para París, aunque sea muy cerca. Un fin de semana sin estudiar es un fin de semana perdido y sé que para mí quedarme aquí es un sacrificio que tengo que hacer.
Pero eso no significa que somos cautivos de Madrid. Hay aventuras que tampoco cuesta mucho dinero sino un poco de imaginación. Tenemos que encontrar lo extraordinario en lo cotidiano para mantener la sensatez en estos días muy duros por los estudios. Por ejemplo, tengo mi giro de los museos gratuitos, con El Reina Sofía los sábados y El Prado los domingos. Si prestas atención mientras caminas en las calles siempre hay folletos del próximo festival en la cuidad. Si aprovechamos de estas oportunidades y seguimos con los cambios sutiles, sobreviviremos los últimos meses de Middlebury.