Este viernes fui de compras, H&M, Zara, Shoemart, Mango, etcétera. Esperé en colas largísimas para encajarme en un probadr con espejos del diablo. ¿Te has dado cuenta de que un culo se parece tres veces más grande en el espejo de un probador? Es cierto.

Pues, me di cuenta, mientras cambiaba la ropa por quinta vez, de los cambios que hacemos para mantener la sensatez. Yo, por ejemplo, después de una semana de exámenes parciales tenía que ir de compras para reinventarme, para recordar que no soy la rata de la biblioteca, que debajo de estas gafas empollonas hay una persona normal. Muchas veces nos perdemos en la vida cotidiana, los estudios, las responsabilidades y olvidamos que estamos llenos de alegría.

Estos cambios sutiles, nueva ropa, nuevo maquillaje o nuevo corte de pelo, nos ayudan mantener un sentido de aventura cuando la vida parece sosa. Como ahora estamos estudiando casi más que dormimos, no es posible salir de Madrid sin aviso para París, aunque sea muy cerca. Un fin de semana sin estudiar es un fin de semana perdido y sé que para mí quedarme aquí es un sacrificio que tengo que hacer.

Pero eso no significa que somos cautivos de Madrid. Hay aventuras que tampoco cuesta mucho dinero sino un poco de imaginación. Tenemos que encontrar lo extraordinario en lo cotidiano para mantener la sensatez en estos días muy duros por los estudios. Por ejemplo, tengo mi giro de los museos gratuitos, con El Reina Sofía los sábados y El Prado los domingos. Si prestas atención mientras caminas en las calles siempre hay folletos del próximo festival en la cuidad. Si aprovechamos de estas oportunidades y seguimos con los cambios sutiles, sobreviviremos los últimos meses de Middlebury.