De vez en cuando cada persona le hace falta un escape de la vida real. Los estreses, las responsabilidades, las tareas, las llamadas, el metro, el ruido incluso a veces los amigos nos agobian especialmente aquí en Madrid. Este fin de semana tuve mi escape a Sevilla. Viví allí tres meses durante el verano de 2005 y es donde aprendí como hablar español y por lo tanto siempre pienso en Sevilla con mucho cariño.
También fue la primera vez en la que viajé con mi novio de dos meses e iba a ser la prueba de nuestra relación. Cuando viajas, hay un montón de cosas que pueden fracasar. Por ejemplo, decidí que íbamos a coger el autobús a la medianoche para llegar en Sevilla muy temprano el sábado, parte porque quería un día entero en Sevilla, parte porque soy tacaña y no quería pagar para dos noches en un hotel. Pensaba que íbamos a dormir todo el tiempo en el autobús y llegar a Sevilla con el sol ya puesto en el cielo.
Excepto no fue así. No dormimos ni un momento en el autobús por la culpa de una americana odiosa que hablaba todo el viaje en voz ALTISIMA y malos amortiguadores. Llegamos a Sevilla en la oscuridad y encima ni había un café que estaba abierto. Caminamos congelados por las calles, por lo menos no estábamos perdidos, hasta que encontramos un café antiguo que estaba abierto en aquella hora horrorosa. Nos reímos mucho. Llegamos a hostal y no tenía nuestra reserva. Nos reímos más. Pasamos una hora intentando explicar los detalles de la reserva hasta que finalmente mi novio preguntó si había espacio y si podemos hacer la reserva de nuevo. No reímos hasta que nos dormimos.
Lo pasé la bomba en Sevilla. Mi novio, por otro lado, no tanto como yo. Ha decidido llevar nuevas sandalias que le hicieron daño a los pies total que cada minuto caminando era una eternidad para él. Fuimos a un parque donde había un festival con música y justo cuando llegamos, perdió 45 euros. Mala suerte. Después estaba jugando yo tranquilamente con un perrito que de repente decidió atacar mi novio. Sobrevivió él pero con algunas cicatrices.
Aunque hubiera algunos obstáculos inesperados, me di cuenta de que un escape nos hace valorizar nuestras vidas. Sí es cierto que para mí Sevilla tiene algo de chispa, pero Madrid es hogar y después de un descanso puedo tolerar mejor los estreses de la vida cotidiana.
Ah... Sevilla. A mí también me parece una ciuada preciosa. Yo suelo ir en diciembre, en algún momento de las vacaciones de Navidad. Por eso también me resulta familiar eso que dices del frio en Sevilla (quien lo iba a pensar de una ciudad que llega a los cuarenta y pico grados en agosto...). Los paseos, los edificios, la gente, las tascas... Es todo un placer. ¡Ah! Y los dulces de la pastelería 'La campana'. ¿Los has probado?